48. Tenemos que volver
Leonardo
Cuando volví a la suite, el silencio me golpeó como un puñetazo. Louis, que horas antes saltaba en mis brazos, ahora se escondía detrás de las piernas de Amber. Bella ni siquiera levantó los ojos de su dibujo. Mi comportamiento anterior había asustado no solo a los niños, sino que destruyó la confianza que estaba empezando a construir.
"Necesitamos hablar," dije, intentando suavizar mi tono. La expresión de Amber era una mezcla de miedo y desconfianza.
"Niños," llamó ella. "Vayan a jug