333. Era el final
Martina
La sangre me latía en la cabeza.
No debía haber pasado así.
No se suponía que encontraran a esa perra.
No se suponía que Leonardo me viera de esta manera.
El impacto recorría mi cuerpo mientras observaba la escena frente a mí. Amber tirada en el suelo, jadeando, sujetándose el estómago como si estuviera luchando por su propia vida. La mocosa acurrucada contra la pared, con los ojos desorbitados, llorando. Mi tía —Amelia, Uria— desangrándose en el suelo, el rostro retorcido por el dolor.