285. De vuelta a casa
Amber
El sol comenzaba a ponerse cuando dejamos el hospital, tiñendo el cielo de suaves tonos anaranjados y rosados. El contraste entre la calma del atardecer y el torbellino que llevaba dentro resultaba casi irónico.
Solo quería llegar a casa.
"No puedo esperar para ver a los niños", murmuré, recostando la cabeza en el asiento mientras Leonardo conducía con firmeza.
"Estoy seguro de que ellos también están ansiosos", respondió, con una leve sonrisa jugando en sus labios. "Bella probablemente y