229. Sin reservas
Amber
La casa estaba en silencio. Un silencio que debería resultar reconfortante, pero que para mí era pesado, cargado de pensamientos y preocupaciones. Permanecía de pie junto a la ventana del dormitorio, con la mirada fija en el cielo oscuro, salpicado de estrellas. Las montañas al fondo parecían tan serenas, tan ajenas al torbellino que me agitaba por dentro.
Respiré hondo, intentando deshacer el nudo que me oprimía el pecho. Mi inquietud no se limitaba a la seguridad de mi familia ni a los