228. Esto es una promesa
Magnus
Aquellas palabras comenzaron a retumbarme en la cabeza como una alarma ensordecedora.
“Fue un paciente.”
Sentí la sangre hervirme al instante, una ira visceral que parecía prender fuego a cada célula de mi cuerpo. Me levanté de la cama incapaz de contener la tensión que me atravesaba.
“¿Cómo que fue un paciente?”, pregunté. Mi voz salió firme, casi cortante, aunque hice un esfuerzo consciente por no explotar. Todavía no.
Gabriela bajó la cabeza por un momento, como si buscara fuerzas par