170. Amenidades
Gabriela
Saqué mi ropa de la secadora, sintiendo el calor agradable de la tela entre los dedos. Con la blusa y el pantalón doblados en los brazos, fui al baño para cambiarme. La camiseta de Magnus todavía estaba sobre mi cuerpo y, al quitármela, no pude evitar mirar la lencería que había elegido para esa ocasión.
Era atrevida. Más de lo habitual. De esas prendas que casi nunca uso, pero que había elegido con cuidado, como si fuera un amuleto de confianza. Respiré hondo, intentando apartar los p