La sala permaneció en silencio durante unos largos segundos antes de que estallara en caos. Los testigos gritaban por todos lados, las emociones se lanzaban como dagas a mi cuello y pecho. Muchos estaban indignados de que me atreviera a faltarle el respeto a la Mesa Alta. Me lanzaron insultos, culpando a mi educación.
Para mi sorpresa, algunos vinieron en mi defensa. Aunque sus voces no eran tan fuertes, ellos gritaron que yo tenía derecho a usar mi vida y mis habilidades como quisiera. Acusaro