10. El recado casi consumado
Ya eran cerca de las diez de la noche, todos estaban en sus recámaras, el castillo
estaba a oscuras, iluminado sólo con la luz de la luna que brillaba en lo alto del cielo.
De pronto, se abre una de las puertas de las recámaras, una sombra se veía caminar
por uno de los pasillos que daban hacia la torre este; era Romina, que se dirigía
sospechosa a la habitación del Rey Doménico. Una sombra extra, aguardaba detrás de
ella siguiendo sus pasos.
¡Maldición, los guardias! Se exclama Rom