22. Ella debe vivir.
— ¿Ya viste que metió a una mujer en su cama?— dijo una de las doncellas mientras limpiaban la sala privada del Rey.
— Lo vi, nunca antes había traído una mujer aquí — susurró la otra y las dos miraron hacia el interior de la habitación, por la parte que les dejaba divisar la puerta entreabierta, donde se quedaron sorprendidas al ver como el gran Rey Darius III acariciaba con delicadeza infinita la mejilla de esa mujer dormida.
— Pues me alegro, a ver si así hecha a su amante del ala oeste, tra