23. ¿Una mujer con oro real, dices?
Después de aquello, el Rey se volvió a sentar junto a la cama de Miryam implorando que el antídoto funcionara, tomó su mano observándola dormir y viendo que su sudor había desaparecido y su respiración era mucho más calmada como si simplemente estuviera durmiendo plácidamente.
— Tienes que vivir…
Alí llegaba en ese preciso instante a los calabozos de palacio, en el sótano del castillo. Si algo tenía claro Álvaro es que haría lo que hiciera falta para sacarle la información al arquero.
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