—¡No lo puedo creer! —exclamó Sara.
—¿Hablas en serio? —le preguntó Johana, realmente sorprendida.
—Pues, así es. Es tal y como se los acabo de decir. ¡Me dijo que me ama! —dijo Gianina en voz baja para no despertar a Francesco, quien se había cruzado a la habitación de Johana, y se había vuelto a dormir abrazado a su madre.
—¿Y qué diablos haces aquí? ¿Por qué no estás con él haciendo…? —Sara le guiñó el ojo—. Bueno, ya sabes a qué me refiero.
—¿Qué demonios dices? —le preguntó con el ceño fru