Adriano caminó hacia la ventana, mirando las luces de la ciudad que brillaban a lo lejos. Estaba claro que estaban en una encrucijada peligrosa, y lo que hicieran a continuación sería crucial.
—Tienes razón —repuso, por fin, con la mandíbula en tensión—. Esto ya no es solo un asunto personal. Se ha vuelto algo mucho más grande. Y necesitamos ayuda.
—¿Qué tipo de ayuda? —preguntó Gianina, con escepticismo.
Adriano se giró hacia ella, con una mirada decidida.
—Necesitamos un aliado en las altas e