—Johana —llamó Gianina, tomando su bolso.
—¿Sí, Gianina? —respondió de manera servicial. Si bien la amistad entre ambas se había intensificado, en especial en el último tiempo, seguía trabajando con ella como su asistente y ama de llaves.
—¿Podrías quedarte con los niños un momento? Los cuatrillizos están dormidos y Francesco está haciendo la tarea en su cuarto —le informó.
—Claro, no te preocupes. Pero ¿dónde vas? —preguntó, frunciendo el ceño, intrigada. Tenía la suficiente confianza como par