Evangeline se sentía esa mañana más en calma, a pesar de que hace unos días había sido descubierta por una chica que trabajaba precisamente para los Marqueses de Wrightwood, parecía que la susodicha aún no había destapado la olla, pues no se manifestaban señales de que la joven hubiera abierto la boca y desembuchado todo lo que sabía, nadie había ido a la mansión de los Marqueses de Rauscher a por ella y tampoco sus tíos habían mencionado palabra al respecto, lo que le aliviaba en gran medida.