James se levantó de su asiento, se pasó las manos por el cabello, pues aunque necesitaba un corte le gustaba la forma que tenían las ondas doradas de su cabellos, se acomodó la chaqueta y se encaminó directamente al salón de té amarillo, una estancia serena, amigable y muy tranquila que tenía una espectacular vista que daba en dirección al jardín trasero, donde se podía observar la plantación de rosas blancas, las favoritas de Penélope. Al ingresar al salón una dama joven se colocó de pie al in