Capítulo setenta y tres: Conociendo a mi sombra.
Ya estaba decidida, volvería a como dé lugar. Preferí hablarlo con mi padre hoy mismo, pues; consideraba que no era necesario esperar más tiempo.
— ¿Permiso, padre, puedo pasar? — él, escucha mis palabras luego de tocar a su puerta,
— Adelante.
Entré en su despacho, y me senté frente a él,
— Dime, hija mía, ¿qué sucede?
Sabía que algo rondaba en mi cabeza solo con mirarme, él me conocía muy bien,
— Voy a volver— le dije sin vacilaciones,
— ¿Cómo que volver, a dónde? — su vos se