Capítulo setenta y cuatro: Un encuentro accidental.
El viaje había sido agotador, luego de arribar en el aeropuerto, decidimos alquilar un auto para movernos cómodamente,
— ¿A dónde nos dirigimos ahora, señorita? — Steven me miraba pacientemente, sentado en el volante,
— Por favor, si vamos a estar bastante tiempo juntos, llámame Fer— termine por pedirle, ya que eso de señorita me resultaba incómodo,
—Muy bien Fer.
— Vamos al hotel, nos registramos y luego veremos por donde comenzamos— le comenté y él comenzó el camino.
(media hora