Capítulo noventa y uno: Un sí y una oportunidad.
La estaba pasando muy bien hasta que ese instante llegó, ella me pechaba de gusto solo para llamar mi atención; mientras bailaba con Matt de forma casi vulgar, su baile; esos besos exagerados dejaban en claro que solo lo hacía para molestarme, recalcar que ella era su dueña ahora.
— Hija, no les hagas caso— la vos de Renato me hace prestarle atención, su gesto de “tú sigue, divierte; ignóralos”, fue claro; continué bailando hasta que él se cansó.
En esa pausa me dirigí a la barra y pedí algo