Capítulo cuarenta y cinco: La pesca.
Me abrazó y comenzó a besarme de una forma apasionada; logrando derretir cada parte de mí con sus besos,
— Para, para amor; puede venir alguien— susurre al sentir sus manos por debajo de mi blusa,
— Nadie vendrá; todos duermen, no tengas miedo — murmuró en mi oído mientras me mordía suavemente, haciendo que me erice.
Continúo acariciando mi piel a gusto; devorando mis labios, desabrocho el botón de mi jean introduciendo su mano por debajo de mi ropa interior. Al sentir su piel fría en esa