Capítulo ciento treinta y cinco: Ella si volvió.
Por fin llegó el día que estaba esperando semana tras semana y aunque quise venir solo, Matt no me lo permitió, prefirió acompañarme quedándose afuera, no intervendría a no ser que fuese necesario. Frente a la casa de mi padre entro sin más llamando su nombre a los gritos,
— ¡Donde estás viejo, miserable! — repito una y otra vez buscándolo.
De repente, al entrar en la cocina, una barra de hierro me recibe, me cubro con mis manos, pero el golpe me hace retroceder, cayendo encima de una pequeñ