Capítulo ciento treinta y cuatro: Porque me evitas.
Sola en el baño, me tranquilizo por no tener que cruzar palabras con él, entro en uno de los cubículos, a hacer lo mío cuando escucho que la puerta se abre. Yo no le doy importancia, minutos después escucho el agua del grifo correr. Cuando termino me maldigo al darme cuenta de que nunca tomé el papel higiénico de la mesada,
— Perdonen, pero ¿me alcanzan el papel? — pregunto.
Luego escucho unos pasos y veo el papel por debajo de mi puerta,
—Gracias— alego, pero no hay respuesta.
Salgo