Me quedo callada. Me muerdo el labio inferior y asiento con la cabeza.
—Vale —respondo rindiéndome por ahora—. Mañana firmaré lo que necesites, en cuanto al trabajo…
—No hay discusión en eso —niega—. Nos veremos mañana…
Da la vuelta y harta de que se comporte así, de esa manera, le detengo tirando de su brazo.
—Espera ¿puedo saber por qué te comportas de ese modo?
No detiene el paso y me interpongo.
—No sé de qué hablas.
—Claro que lo sabes —replico—. Y me lo dirás ahora mismo.
Sus ojos se oscu