Capítulo setenta y cuatro: No soy un asesino
—¿Por qué estás lleno de sangre, Praxis?
—Eso no es importante ahora, mi pequeña esposa. Vamos —la tomó de la mano para que se metiera al vestidor—, ponte ropa. Tenemos que ir a la casa de tu padre ahora.
Ella bufó. Aquella no era la casa de su padre. Su padre ya no tenía nada, ellos mismos se habían ocupado de quitárselo todo y aunque se lo merecía ahora que estaba muerto no era lo mismo. Un defecto humano de justificar a los muertos.
Cuando T