Capítulo sesenta y ocho: Enfrentar la verdad
Praxis condujo a su mujer por los pasillos, colocando su mano en la franja dorsal de su esposa. Los suelos tan redondamente blancos daban cierto aire de asfixia en cada paso que daban. Eso, sumado a los médicos yendo y viniendo y el olor a hospital eran abrumadores a medida que se adentraba en la institución.
—Bienvenidos, señor y señora Stratos.
Una enfermera regordeta y entrada en años les recibió en la puerta de una pulcra habitación. Les indicó