Capítulo cuarenta y cuatro. La mitad perfecta del otro
El velorio fue fugaz, las dos partes de ambas familias no querían pasar por más dolor antes de acabar con todo ese pasado escabroso y seguir con sus vidas.
En cambio los entierros se dieron lugar en el mismo campo santo pero en distintos puntos. Aunque eran las madres amadas de sus hijos —por muy arpía que hubiese sido una de ellas —ninguno de ellos quería hacer un final conjunto para ellas. No se conocían, no tenían nasa en común y no ten