Capítulo treinta y ocho. Una sorpresa para Diane
—¿Están hablando obscenidades frente a mi hijo de tres meses?
Ana Lucía de la Concepción apareció en la puerta dea habitación con los brazos en jarras. Por el tono empleado al realizar la pregunta, su primogénita pudo deducir que había escuchado parte de la conversación e inmediatamente, las mejillas se le tornaron rojas escarlata.
—Tranquila, Ana Lucía — intervino el hombre ardiente, demasiado divertido por la reacción de su novia —. Solo