Capítulo treinta. Ya eres abuela
La visión de la fiesta de la inmaculada —al menos para algunos —, madre de Athos había variado para todos y en cada uno de una forma muy distinta y hasta dispersa. Se habían quedado en modo incógnita, eso si, todos.
La pobre Lily que era la única que conocía a aquellos dos hombres comenzó a temblar asustada, tanto miedo sentía que se puso delante de su marido en un acto absurdamente protector puesto que si los rusos querían, acabarían allí mismo con Athos Str