Capítulo veintiuno. No hay mal que por bien no venga
Una oleada de pesar invadió a Lily. La noticia de su hijo había destruido su relación con Athos. Habría acabado de todos modos después del baile real, se dijo. Su relación tenía fecha de caducidad, y solo faltaba una semana para el baile.
Porque el griego iba a casarse con ella, pero no por las razones correctas, no por amor.
—¿Qué piensas de la situación? —preguntó el griego sentado en una esquina de la cama, sin previo aviso—. ¿Cómo fu