—¿Cómo me reconociste? —preguntó Maya, confundida—. ¿Tan obvio? Me puse todo esto para que nadie me reconociera. Por eso no me dejaron entrar. Pero tú sí pudiste… ¿cómo?
El ojo de Andy se contrajo ligeramente.
—Ven conmigo.
Entraron al ascensor.
Maya, nerviosa, preguntó:
—¿Cómo está el señor Brook hoy?
Andy le dirigió una mirada extraña.
—Más o menos como siempre.
Maya no volvió a hablar.
No entendía por qué Alexander la había obligado a venir a Grupo Golden, cuando podía haber tratado el asunt