Maya salió y se dirigió directamente al grifo sin entrecerrar los ojos. Colocó las manos en el fregadero y el sensor activó automáticamente el agua.
El sonido del chorro resonó con especial claridad en aquella atmósfera inusualmente silenciosa.
La expresión de Wendy y de los otros dos se congeló al instante, cargada de vergüenza y culpa. Parecían ladrones atrapados con las manos en la masa.
Maya actuó como si nada hubiera pasado y se concentró en lavarse las manos.
Cuando terminó, tomó una toal