—¿Creíste que dejaría pasar lo que hiciste? —continuó él—. ¿Que escapaste con otro hombre a mis espaldas?
La respiración de Maya se volvió inestable. No tuvo más opción que ceder.
—…No lo hagas aquí.
Fueron a otra habitación.
—¡Ah!—
Apenas cruzaron la puerta, Alexander la empujó sobre la cama. El impacto la dejó aturdida.
Apoyándose en los brazos, Maya lo vio aflojarse la corbata con una sola mano. Se acercó con calma peligrosa, como una bestia acechando.
El corazón de Maya latía con violencia.