—No importa dónde esté, porque no tiene nada que ver con nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es cuidar de los tres niños, ¿no es así?
Maya miró lo adorables que eran los tres pequeños cuando estaban felices, y el trauma profundamente arraigado en su corazón comenzó a disiparse y a sanar poco a poco.
La señora Fine tenía razón: Sid ya no tenía nada que ver con ella.
Lo único que debía importarle eran sus tres hijos.
¡Y, por supuesto, también tenía que lidiar con la persecución de Alexander!