93. La Heredera de Aryndell
La habitación aún olía a deseo contenido.
Evelyn estaba recostada sobre las sábanas arrugadas, con el cabello desordenado y las mejillas aún sonrojadas. Tauriel se sentaba al borde de la cama, dándose la vuelta lentamente, como si quisiera evitar mirarla otra vez.
Ambos estaban en silencio.
Ambos sabían lo que había pasado… y lo que casi había pasado.
Pero ninguna palabra lo reconocía.
Evelyn se incorporó, cubriéndose con la sábana. Su lobo, aunque dormido aún, vibraba inquieto en su interi