79. Loba cachonda
El vapor del agua tibia subía por el baño privado, envolviendo el ambiente con una neblina densa, casi onírica. Dayleen estaba inmóvil, el cuerpo tenso mientras las manos de Alexander se mantenían firmes en sus caderas.
Sabía que debía detenerlo. Que debía girarse, gritarle, correr. Fraternizar con el enemigo no era una buena idea...
Pero no lo hizo. ¿Y cuando había hecho caso a sus pensamientos racionales? ¡Se había unido al Alfa de Agua, después de todo! Y él también era aún enemigo al pri