80. ¡Mi mate en la cama con otro!
El viaje hasta Aryndell había sido más largo de lo previsto. Xavier no descansó, no comió, no pensó en nada más que en ella. Cada paso de su caballo lo acercaba a Dayleen, y cada segundo sin verla era una tortura que sus huesos no lograban acallar.
Su lobo no ayudaba con sus gruñidos bestiales cada vez que quería pararse a descansar. En parte, sabía que se lo merecía y necesitaba un recordatorio constante de que era su culpa todo lo que estaba pasando.
Cuando por fin divisó las torres de cri