58. Deseo ser la única
El silencio se volvió tan espeso que ni el viento se atrevió a mover una hoja.
Xavier no se movía. Las palabras del soldado seguían rebotando en su mente, como un eco que se repetía una y otra vez sin darle tregua.
"Su concubina Nür… lleva en su vientre a su cachorro".
Dayleen lo miraba en silencio, con los ojos llenos de acusación. Esperaba una respuesta, aunque fuera una negación. Algo que le hiciera ver que eso no era verdad.
Pero Xavier cerró los ojos. Y llamó a su lobo.
“¿Es cierto?”