33. Una humana en la manada
Dayleen caminaba por uno de los pasillos bajos de piedra caliza, donde la humedad escurría por las paredes y el olor a tierra lo invadía todo. La ciudadela subterránea era silenciosa la mayor parte del tiempo en la periferia, todo el bullicio se concentraba en el centro.
La actividad "especial" de la manada de Tierra se concentraba en las zonas altas de la cueva, pero ella no tenía permiso de subir. Annika le dijo que ahí es donde cultivaban las hierbas mágicas y era un privilegio poder verlo.