19. La verdadera Luna
El viento le azotaba como cuchillas heladas, pasando incluso a través del abrigo encantado de Xavier. La nieve no caía: se arremolinaba, girando en espirales salvajes como si la tierra misma intentase expulsar a quien consideraba un intruso; pero siguió hacia delante con determinación.
El cielo estaba cubierto, gris pálido, sin un solo rayo de sol. Ni siquiera el mediodía traía calor en la frontera de la manada de Aire.
Después de dos días de viaje en una de sus embarcaciones privadas, disf