20. El llamado de Dayleen
—¿Estás segura de que debo ir vestida así? —preguntó Dayleen, mirando el vestido que colgaba frente a ella. Era largo, de tonos marrones y verdes que imitaban los colores de los árboles tras la lluvia. Pequeñas cuentas brillaban cosidas en los bordes, como si alguien hubiese querido atrapar la luz del amanecer en cada puntada.
Annika soltó una risita mientras ajustaba su propia túnica color arcilla, con hojas secas bordadas en los hombros.
—Si no te vistes así, sabrán que no eres de aquí —d