108. No usamos protección
La luna colgaba alta sobre Roma, pero en la suite del hotel, el tiempo parecía detenido.
La habitación aún conservaba el aroma de la pasión. El aire estaba cargado de humedad, deseo y algo más profundo: el lazo invisible que comenzaba a formarse entre dos almas marcadas por la desconfianza.
Evelyn yacía sobre la cama, envuelta en la sábana blanca, jadeando aún. El cuerpo le temblaba no por agotamiento, sino por lo que acababa de ocurrir. Había sentido su alma temblar. Su piel vibrar. Su lob