107. Un reencuentro
Las últimas luces del día caían sobre Aryndell, tiñendo los cristales de los ventanales reales con tonos dorados. El comedor ya estaba casi vacío. Solo quedaban el Rey Alarik, Dayleen, Sebastián y Xavier, revisando los detalles logísticos tras la noticia llegada desde la manada de Fuego.
Annika, sin interés en los asuntos políticos, se había retirado en silencio. Llevaba la mente en otro sitio. Desde su encuentro con aquel chico de aroma imposible, no podía dormir bien. Su loba, aunque débil,