14. El santuario del fuego
ara pasó la yema de los dedos sobre la pared del santuario, sintiendo la rugosidad de la piedra fría bajo su tacto. A pesar del polvo acumulado por los años, las inscripciones aún eran legibles, talladas con una precisión inquietante. Tobías se mantuvo a su lado, en silencio, analizando cada símbolo con el ceño fruncido.
—¿Entiendes algo? —preguntó ella en voz baja.
—Algunas palabras me resultan familiares —respondió él, sin apartar la vista de los grabados—, pero el significado completo… aún s