El sábado no tenía ningún plan.
Laura lo había verificado la noche anterior, revisando el calendario con la costumbre adquirida de quien lleva décadas gestionando agendas y que todavía, incluso en los días sin urgencias, necesita la confirmación visual de que el espacio está efectivamente libre.
Estaba libre.
Nada de hijos, nada de visitas, nada de reuniones aplazadas que hubieran encontrado en el sábado el único hueco disponible. Solo el día, con sus horas en el orden natural en que llegan, si