Las once de la noche en la firma tienen una textura distinta al día.
Los pasillos pierden su formalidad. El mármol deja de sonar. El edificio respira más despacio.
Laura llevaba tres horas sola en la oficina con los contratos de la sociedad Lisboa extendidos sobre la mesa y el borrador del recurso contra la impugnación de Riquelme abierto en la pantalla. Dos frentes. Cuatro carpetas. Un café frío que había olvidado beber.
Estaba marcando en rojo el artículo 14-bis del contrato cuando escuchó pa