La Dra. Rivas
La consulta de la Dra. Rivas no tenía el aspecto de un campo de batalla.
Sofás bajos. Una planta grande en la esquina. Luz de tarde que entraba oblicua. Un cuaderno sobre la mesilla de madera y dos vasos de agua que nadie había pedido pero que estaban ahí.
Laura llegó cinco minutos antes. Álvaro llegó tres minutos después.
No se saludaron. No era necesario. Se sentaron en los sofás opuestos como dos abogados esperando al árbitro.
La Dra. Rivas entró con su carpeta habitual, su mirada de alguien