Don Raúl llamó a Bruno a las ocho y cinco de la mañana.
Bruno le citó a las diez en el despacho.
Laura no fue. Se quedó en el piso con los niños hasta que los llevó al colegio. Después fue a la firma y trabajó dos horas en los planos de Lisboa con la concentración de quien necesita ocupar la cabeza con algo que tenga medidas y ángulos y no dependa de lo que otra persona decida hacer con información que lleva décadas enterrada.
A las once, Bruno la llamó.
—Carmen acepta una reunión. Esta tarde.