El pendiente no estaba en el despacho.
Laura lo buscó el jueves por la mañana antes de que llegara nadie: revisó el suelo alrededor de la silla, la alfombra pequeña bajo el escritorio, el espacio entre el radiador y la pared. Nada.
Fue a recepción.
—¿Alguien encontró un pendiente ayer por la noche? Pequeño, dorado, con una piedra azul.
La recepcionista consultó el cuaderno de objetos perdidos.
—No hay ningún pendiente registrado desde el martes.
Laura asintió.
Subió a su despacho.
Ivette estaba