La respuesta llegó cuarenta y ocho horas después. No fue un comunicado de prensa escrito. Rodrigo Blasco entendía que los textos se leen con la cabeza, pero los vídeos se consumen con el estómago. Convocó a los medios a las doce del mediodía frente al Congreso de los Diputados. Salió con un folio impreso en la mano. El artículo de Blanca.
Las cámaras se encendieron. Los micrófonos se cerraron sobre él. Blasco no leyó el texto. No rebatió los datos de la Fundación. No mencionó la jurisprudencia