El documento en blanco tenía el cursor parpadeando.
Llevaba tres horas así.
No tres horas seguidas. Tres horas distribuidas en la tarde del martes, con las interrupciones de quien intenta trabajar en algo nuevo y que cada vez que intenta no llegar a ningún sitio abandona el intento, va a buscar agua, vuelve, mira el cursor, intenta otra vez, vuelve a no llegar a ningún sitio.
El cursor no tenía opinión sobre el proceso.
Parpadeaba con indiferencia perfecta.
La primera frase que Laura escribió f