La persona que Santi trajo a cenar ese domingo llegó con una planta.
No flores.
Una planta. De las de maceta pequeña, con la tierra asentada de quien la ha tenido unas semanas y la ha regado con la regularidad suficiente para que se notara que había prestado atención. La sostenía con las dos manos cuando llamó al timbre, lo que hacía que saludar requiriera cierta logística de redistribución de planta y mano que resolvió con la naturalidad de quien ha calculado el problema antes de llegar a la p